miércoles, 15 de agosto de 2012

Consumación de una frase incompleta


"Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando, también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos nos encontrará". Se leía en un cuadro con marco color plata que colgaba  en la puerta principal de aquella librería donde ella trabajaba. Todos los días la veía detenidamente al entrar al lugar y hasta parecía que cerraba sus ojos como queriendo con todas sus fuerzas que esas letras fueran ciertas.
Ya se había cansado de los cuentos de la vida y por eso cuando no había clientes ella misma escribía sus historias, a veces ella era la protagonista, otras más dejaba que sus musas revolotearan creando personajes de ficción. A ella le gustaba imaginar que sus letras se mezclaban en el aire de la librería con las viejas letras contenidas en aquellos libros de Borges, Hemingway y Verne. Controlar el momento en que ponía el punto final a las historias le daba una satisfacción que no tenía en la realidad.
Cuando llegaba un cliente a aquel lugar cálido de libros e historias, generalmente sabían lo que iban a comprar, pero si ella era la que los atendía, entonces era común ver que salieran con uno o dos libros más, casi siempre novelas clásicas que ella les narraba con tanta emoción que no les quedaba de otra más que comprar el libro para saber el desenlace. 
Los viernes se cerraba temprano el lugar y ella echaba llave a la vieja cerradura de la puerta más para que no se escaparan las musas que para que no se robaran los libros. Y claro, no perdía oportunidad para echar un vistazo a la frase que siempre llevaba consigo: "Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando, también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos nos encontrará", parecía querer memorizar cada una de las letras de aquel cuadro y después caminaba más lento, como repasando el mensaje que contenían.
Una mañana de agosto, entró por la puerta un hombre de edad avanzada que ella no había visto nunca, sus ojos estaban coloreados de un azul profundo y sus manos eran pequeñas, con paso firme y mirada fija se acercó al mostrador y le pidió un libro, "Luz de Agosto" de William Faulkner. Ella nunca lo había leído y la tomó por sorpresa lo decidido que estaba aquel hombre al elegir su lectura, por lo que le preguntó si sería todo lo que llevaría o si le gustaría llevarse además un libro que seguro le iba a gustar. Él no respondió a la pregunta, ella rápidamente levantó sus manos hacia el estante color amarillo y bajó un pequeño libro con portada oscura "Gracias por el Fuego" se alcanzaba a leer en el encabezado y comenzó a contarle con los ojos llenos de emoción la historia de Ramón Budiño, y lo incitó a querer conocer el final de esa novela donde la frustración de un hijo al no poder llevar a cabo el asesinato de su padre lo lleva a una introspección profunda de él y de la sociedad en la que vive. El hombre la observaba atento, ya con la obra de Faulkner entre sus manos, pero intrigado más por la pasión de ella que por comprar la novela de Benedetti. Asintió con la cabeza y sonrío un poco. Sacó su cartera del bolsillo derecho del pantalón y al jalar el billete de 500 pesos cayó al suelo una fotografía en blanco y negro de una bella dama. Ella se agachó a recogerla del suelo antes de cobrarle y le preguntó si era su esposa la hermosa mujer de la fotografía. Él le contestó que no solo era su mujer sino el amor de su vida. 
La chica del mostrador sonrió por la ternura en los ojos de aquel hombre y observó con detenimiento la imagen. Dale la vuelta, se escuchó decir al hombre y ella lo hizo. Había una frase escrita con tinta azul en la parte posterior  que iniciaba con un ilegible día de marzo. "Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando, también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos nos encontrará". Sintió como un escalofrío recorría su cuerpo y el hombre sonrío un poco antes de contarle que él era el dueño de la librería y que al morir su esposa hace 5 años, él mismo había colocado el marco con esa frase que ella solía pronunciar a menudo y que se encontraba en el anverso de la fotografía. Le dijo también que visitaba con frecuencia el café de enfrente para leer y que muchas veces observó como al salir de sus labores en la tienda, ella dirigía su mirada al letrero con una fe envidiable, así que ya que estaba aquí y aprovechando el descuido al dejar caer la foto iba a decirle que siguiera creyendo, que no había poder más fuerte que la fe en lo que creemos, aún si otros le restaban significado. Le contó que una mañana antes de salir a comprar los víveres de la casa, ella, su esposa lo detuvo para darle un beso en la mejilla y le agradeció su compañía de tantos años, él observó con ternura la forma como su mujer le decía que lo amaba y la vio más linda que nunca, ya no eran jóvenes pero ella le seguía pareciendo hermosa. Al hombre se le llenaron los ojos de lágrimas cuando le contó a la chica de los libros que justo antes de cruzar la puerta, su mujer pronunció la frase del cuadro y de la foto y le lanzó un beso a la distancia. Murió a los 2 días de un infarto, su corazón le falló pero él nunca iba a fallarle. Así que le dijo a la joven que ahora él estaba quieto, esperando solo a que ella lo encontrara, como la primera vez cuando la conoció en aquel parque. Solo se dedicaba a leer y a esperar por ella, por eso el negocio de la librería. La chica del mostrador salió por detrás de la caja registradora y abrazo a aquel hombre enternecido hasta las lágrimas. Ella que había leído todos los días la frase, le reveló que conocía lo que seguía, no era una frase con punto final, la autora era Clarissa Pinkola y la frase del cuadro continuaba así: "Es algo que lleva mucho tiempo esperándonos. En cuanto llegue, no te muevas. Descansa. Ya verás lo que ocurre a continuación. Experimenta la paz dentro de ti, confía en que te encuentras exactamente donde debes estar, no olvides las posibilidades infinitas que nacen de la confianza en ti mismo y en otros, utiliza los dones que has recibido y transmite el amor que se te ha dado". 
A la mañana siguiente dos marcos colgaban de la puerta. La frase estaba completa y esos dos nuevos amigos también.

4 comentarios:

Roberto Mina dijo...

Hola Libia.. "Consumación de una Frase Completa", me dejo abrumado, es cierto y en ocasiones vivimos tan rápido que No, nos detenemos a esperar y que nos encuentre lo que siempre buscamos....
Me has dado una buena lección de vida!

Gracias por compartir tu espacio con un servidor.

Roberto Mina Bravo.

Libia Dennise dijo...

De eso se trata Roberto de que las letras que nacen en la más absoluta soledad, encuentren cómplices! Un abrazo

Marco Hernández dijo...

Muy bien, a ver cuando publicas el libro he!

Roberto Mina dijo...

Gracias Libia por hacer público tus pensamientos, que nos hacen redescubrir o rescatar sentimientos que en ocasiones dejamos guardado en algún cajón de nosotros..

Felicidades por tu hermoso talento!