martes, 19 de junio de 2012

Itinerante [Circo de las Ilusiones]

Pasaron 5 años desde que bajaron el telón de la última función del circo de las ilusiones. Los números ya no daban para sostener las giras por el interior, les explicó apenas un par de semanas antes Don Cosme el administrador de la compañía, a los artistas que durante una década trabajaron en el circo. La noche del fin llegó como llegan todas las fechas fatales y la función fue en verdad especial. Tuvieron una luna que bañaba de luz las lonas de la carpa y mil estrellas que palpitaban al ritmo de sus corazones, y así con las risas de los niños, el olor a aserrín y algodón de azúcar y el letrero luminoso de la entrada, los artistas del circo se despidieron de su público que les aplaudió de pie al final de la función premiando su entrega de siempre. 


Esa noche no solo se despidieron de los aplausos y de ese pequeño poblado al norte de San Roque, también entre ellos se tuvieron que decir adiós. Durante 10 años habían vivido juntos en aquellas casas rodantes que los hicieron estrechar lazos de amistad, que los unieron, y los separaron también cuando el cansancio de la jornada los hacía enojarse por detalles insignificantes. Eran una familia, una familia que esa noche estaba a punto de desintegrarse. Se abrazaron entre lágrimas e incertidumbre, deseándose unos a otros buena fortuna.

"Brindemos antes de partir", dijo Don Cosme, que ya se acercaba con algunas copas y una botella de sidra. "Por el circo de las ilusiones, mis queridos amigos".

"Salud", pronunciaron todos fundiéndose en una sola voz.

Desde el fondo de la carpa se dejó ver la sombra de una mujer robusta. "Hoy es una noche especial, así que voy a regalarles a cada uno de ustedes una visión del futuro, y no tanto como un regalo sino como señal de agradecimiento por tantos años que aguantaron mi mal genio", sentenció la mujer más temida del circo, la del pelo largo y crispado, la de la sonrisa burlona, Aura como la llamaban todos. "Quién deseé saber qué le depara el futuro bien podría venir a verme antes de que me ponga borracha". Y de un tirón entró a su tienda con su copa espumante en la mano, ya tambaleándose un poco.

Aunque al principio todos siguieron brindando y charlando sobre lo que habían sentido al caer el telón de la última función, poco a poco y muy discretamente fueron desfilando frente a Aura los artistas del circo de las ilusiones. Todos ellos sabían que lo de Aura no era charlatanería, aquello era verdaderamente un don. Nadie olvidaba aquella vez que se quemó la parte trasera del circo. Una noche antes, Aura había advertido que un calor incesante inundaría la carpa. "Pasará algo y más les vale que dejen de apagar aquí sus colillas de cigarros o nos quemaremos todos" les había dicho a Lucho, el domador de leones y a Juan, el trapecista. Y así pasó, la noche siguiente la carpa fue consumida por el fuego que comenzó con un cigarrillo mal apagado. En otra ocasión le dijo a Elena, la mujer de la cuerda floja, "tendrás que dejar tu acto, las alturas no le vienen bien a los bebés", y a los 9 meses con 5 días estaba naciendo una hermosa niña a la que Elena le puso Cielo.

El primero en entrar a ver a Aura, fue Don Cosme. "Mi viejo amigo de parrandas, pase, siéntese aquí frente a mi. A ver, déjeme ver, a usted aún le queda larga vida y un gran futuro por delante, este circo se termina pero no así su buena fortuna, ya lo verá".


Don Cosme soltó tremenda carcajada, "lo sabía, soy un hueso duro de roer y es bueno saber que seguiré vivito y coleando, porque no voy a mentirte Aura, tenía miedo de lo que pudieras decirme, tengo una tos que no se me quiere ir, y a veces termina por preocuparme pero yo bien sé que estoy hecho de buena madera".


"Eso ni dudarlo viejo" dijo Aura, mientras Don Cosme se levantaba de su silla y salía de la tienda tosiendo un poco. Al ver que se marchaba, Aura solo movió la cabeza y bajó la mirada hacia las cartas que tenía entre sus manos.


El segundo en entrar fue el payaso sonrisas, Luis era su verdadero nombre. "Aura, quiero que me digas la verdad, ¿qué me depara el futuro?". Luis siempre había sido un hombre vulnerable que solo hacía honor a su nombre artístico en el ruedo del escenario, porque fuera de él vivía atormentado por su pasado. "Encontrarás el amor Luis, seguirás sonriendo y trabajando con los niños, las cartas lo dicen claramente", dijo Aura mientras echaba sus cartas a la mesa. "¿Regresará conmigo Martha?" le preguntó el payaso cuya sonrisa comenzaba a dibujarse realmente en su rostro, ya no por la pintura sino como una mueca ahora perceptible en su cara. "Parece que al final ella se dará cuenta de que realmente te amaba y en unos meses la verás llegar a tu lado". Luis, el payaso de las sonrisas salió radiante y esa noche comenzó a emborracharse de felicidad. 


"Ahora me toca a mi", dijo Elena y entró con Cielo entre sus brazos. "Pasa querida, siéntate aquí y dime qué es lo que deseas saber", le dijo Aura viéndola fijamente a los ojos. Cielo comenzó a llorar y Elena la arrulló entre sus brazos. "Quisiera saber si el papá de mi hija alguna vez querrá conocerla". Aura echó las cartas y después de verlas detenidamente por un rato, le contestó "Elena, no seas ilusa, más vale que ese hombre no se acerque a tu hija, no es lo que aparenta y tú lo sabes bien, ese hombre te buscará pero por lo que más quieras no dejes que se acerque a tu pequeña". Elena abrazó con más fuerza a su Cielo y se levantó asustada.


Todos seguían afuera brindando y charlando sobre esos años de anécdotas y vivencias en el circo de las ilusiones, platicaban de aquellos lejanos poblados que visitaron, a los que llevaron un poco de alegría, de esas funciones gratuitas que dieron cuando se daban cuenta que los papás de los niños no tenían ni para comer. Recordaban en especial una noche de intensa lluvia en un lugar llamado El Caporal, el cielo tronaba y el terreno estaba lodoso, pensaron en cancelar la función nocturna pero ya los boletos estaban agotados así que decidieron que el show debía continuar. Todo había salido bien hasta que el acto de los leones se salió de control. Lucho ejecutaba como cada noche su espectáculo en el que dos de los enormes animales, saltaban por un aro de fuego. Sin embargo en el momento en que uno de ellos se disponía a saltar, un trueno retumbó en la carpa del circo y fundió las luces del interior. El león asustado se abalanzó sobre Lucho, haciéndole heridas leves en el antebrazo derecho y conmocionando a la concurrencia. El susto que se llevaron todos había sido colosal, pero ahora solo reían al recordar las caras que habían puesto al ver semejante escena.


Juan, el trapecista estrella del circo, se sirvió una última copa de vino y entró con ella a ver a Aura. "De todos eres tú al que más deseo decirle lo que le depara su fortuna, y no echaré las cartas, porque lo que para ti viene es fácil de predecir". Él la observó con la mirada húmeda y aventó un suspiro. "Juan tú amas a Cecilia más de lo que quisieras y aún así le haces daño, cada noche durante estos 10 años los he visto aventarse del trapecio, arriesgando sus vidas, pero confiando uno en el otro, sabiendo que no van a soltar sus manos en el aire, aferrándose a esas barras de metal que los llevan de una orilla a otra. Bendita ironía del destino, todo este tiempo ella confió en que no la soltarías y nunca lo hiciste en las presentaciones, pero la soltaste en la vida, la dejaste ir y ahí mi querido amigo, no hay ensayo que valga, no puede uno repetir el acto, ni practicar hasta que se acaban los errores. La vida cobra caro y si uno se equivoca, lo pierde todo y tú lo perdiste todo. Cecilia vivirá sola lo que le quede de vida, a eso la has condenado y tú vivirás queriendo borrar aquel día en que la dejaste ir. Pero no pongas esa cara Juan, tal vez, en un vuelco del destino  puedan estar juntos, después de todo el amor vence por sobre todas las cosas no lo crees". 


"Fui un tonto Aura, todos en el circo rumoran y hablan sin saber lo que me duele no tenerla, lo triste que es tomar sus manos solo en las funciones y que solo arriba del trapecio cruce su mirada con la mía. Fui un egoísta que pensó solo en mi, que quería que no se acabaran mis años de juventud para seguir disfrutando de las mujeres, del alcohol, de las fiestas. Ser artista de este circo me trajo mil bendiciones pero también me hundió en la soledad por mi maldito ego. Solo quiero que leas en tus cartas que ahora que termina el circo tengo esperanzas para luchar por Cecilia, voy a lograr que me perdone, ¿lo lograré verdad?", le cuestionó el trapecista.


"Yo creo que lo harás, solo no olvides algo, tenemos muchas vidas para amar a quien realmente es nuestra alma gemela", contestó Aura sin mirarlo a los ojos. Juan la abrazó y hasta un beso le dio en la mejilla. Ella se limpió el beso y él salió de la tienda más sonriente que el payaso del circo.


Cecilia no quiso entrar, sus creencias religiosas le impedían confiar en unas cartas, para ella todo aquello era pagano, el único que conocía el destino final era Dios y ella no quería hacer enojar a ese bondadoso ente celestial que castigaba a sus hijos pecadores con las llamas del infierno. Ella prefirió seguir escuchando lo que Elena le contaba de  las predicciones que Aura le había compartido sobre el papá de Cielo.


"Anda Lucho, te toca entrar con Aura", le dijo Don Cosme al domador de leones, mientras le quitaba de la mano su copa de vino y se la tomaba de un solo trago.


El turno ahora era de Lucho, un hombre fuerte en todos sentidos, con la voz firme y la mirada ausente, convivía más con los animales del circo que con sus compañeros, casi no conversaba con nadie y tomaba vodka todos los días.


"A mi no vas a engañarme Aura, todos han salido de tu tienda felices con tus predicciones pero algo me dice que les mientes, mírame a los ojos y dime que me equivoco, allá están ellos afuera brindando por el futuro que tú les auguras prometedor y yo no creo ni una centésima de todas esas porquerías que les has dicho", Lucho terminó de hablar y de un trago le bajó la mitad a su botella de vodka.


Aura sonrío, "A ellos los engaño pero a ti no puedo engañarte, me conoces demasiado. Nada de lo que les he dicho es cierto, las cartas me han mostrado justo lo contrario, pero para que decirlo, ¿quién de estos pobres cirqueros quiere irse de aquí sabiendo que su destino no será de dicha? Miento, es cierto, pero al menos les regalo esta noche, donde todos creen que serán felices y eso es mucho más de lo que tú podrías hacer por ellos".


Lucho, bajó la mirada y con voz firme le dijo a Aura, "Por lo menos a mi dime la verdad vieja embustera", Aura reviró de inmediato. "Quieres saberla, perfecto, pues Don Cosme morirá solo en unos días. Luis, el payaso seguirá buscando a Martha y nunca la encontrará porque ella se fue muy lejos con otro hombre, la realidad es que nunca lo amó y él no se resignará. A Elena sí la buscará el papá de su hija pero su destino depende de lo que ella decida hacer con eso. La historia de amor de los trapecistas, Juan y Cecilia se tornará dramática, porque ella se va a suicidar esta misma noche, y Juan, el pobre de Juan vivirá atormentado toda su vida".


"Aura por el amor de Dios, eso es horrible, si de verdad es cierto lo que dices, hagamos algo para impedir que pase", dijo Lucho con los ojos llenos de desesperación. "Hay cosas que uno no puede impedir, amar, morir, son justo esas cosas que no pueden cambiarse de rumbo. ¿El futuro sería distinto si yo les dijera que hoy no solo termina el circo de las ilusiones sino la vida de Cecilia también? No, ya te lo dije, nada puede cambiarse y esta noche las vidas de todos aquí en el circo, se verán marcadas para siempre, por eso les mentí".


"Pero ella es creyente, cree más en Dios de lo yo he podido creer en mi durante toda mi vida", dijo Lucho, "ella no podría matarse a si misma". "Lo hará", le dijo Aura, sin poder mirarlo a lo ojos.


Lucho se levantó con la botella de vodka casi vacía entre sus manos, con ésta había bebido ya 4 botellas. Hizo a un lado la cortina de la tienda de Aura y se detuvo de repente tambaleándose por los efectos del alcohol. 


"Espera un minuto, a todos les mentiste, les escupiste una mentira tras otra en su cara, ¿por qué voy a creerte, qué me hace pensar que me estás diciendo la verdad? Hay algo que no concuerda en tu estúpida historia sobre la muerte de Cecilia, ella no podría quitarse la vida, eres una vil embustera, que engaña sin escrúpulos".


Aura se acercó a él, y le susurró muy cerquita, "es cierto ella no va a quitarse la vida, pero sí morirá esta noche. Te lo dije y fui muy clara, el amor y la muerte son cosas que no se pueden cambiar, en eso tenemos el rumbo marcado y hacia allá vamos nos guste o no, nos lean las cartas o no, creamos en ello o no. Es cierto que te he mentido en parte de la historia, como a todos los demás, pero no fue en la parte de su muerte".


Lucho, con los ojos llenos de enojo por las palabras de Aura, aventó la mesa donde momentos antes ella había estado leyendo las cartas, que salieron volando por toda la tienda. Cayeron al suelo unas imágenes de santería y dos vasos con agua salada que se quebraron, Lucho también cayó al suelo y apenas si pudo levantarse. Aura cerró los ojos y le dio la espalda, dirigiéndose afuera de la tienda. "Maldita bruja", le gritó Lucho con furia mientras tomaba del suelo su botella de vodka y se la arrojaba con todas sus fuerzas. Aura la vio volar por encima de ella, rozando sus cabellos crespos.


Un grito de horror se escuchó entre los artistas del circo. Era Elena. Todos dirigieron hacia ella su mirada. Cecilia yacía inerte en el suelo, con la cabeza sangrante y cerca, muy cerquita de ella, una botella de cristal con una etiqueta azul en la que se leía la marca de un vodka barato.


Aura solo dijo en voz baja, casi imperceptible "¿Alguien más quiere que le lea las cartas?".